Militar
Alberto Llanes
Recuerdo mi época de bachillerato. Enfrentarse a un modelo educativo diferente y muchas más cosas diferentes. Ya había superado la primaria, donde también, al principio, es pura adaptación a un nuevo sistema, había superado también...
...la etapa de la secundaria; las primeras amigas, las primeras salidas, el goce del cine con los amigos (en grupo), las primeras fiestas, en fin; muchas primeras veces que jamás se repetirán; ahora va un periodo más, un escalafón más en el mundo real, el bachillerato, la etapa en que ni se es adulto adulto para unas cosas, pero tampoco niño niño para otras, otro periodo de adaptación a otro sistema diferente, donde tenemos que sacar la credencial de elector porque, al cumplir dieciocho años somos aptos para tomar decisiones y una de ellas es la votar, votar por el gobernante o presidente de nuestra preferencia para que dirija el rumbo de todo un país o de un estado, finalmente, es a la sociedad a la que pertenecemos.
Durante todo el periodo escolar el aprendizaje fue la tónica de ese viaje que parece no tener fin (el de estudiar). Aprender a leer en la educación básica, aprender a escribir, sacar algunas cuentas elementales y luego hacer esto mismo pero un tanto más a fondo. En la siguiente etapa no es sino profundizar en lo que ya sé o aprendí.
La matemática quizá se vuelve más complicada pero todo se hace más complicado porque lo que hacemos ahora, en secundaria, a un nivel más elevado que lo que veíamos en la primaria. Vamos creciendo y todo se va complicando porque tenemos responsabilidades que cumplir.
Cada maestro tiene su forma de enseñar y hay quienes creen que jugando se aprende o se aprende mejor, otros que confían en machetear para aprender, es decir, aprenderse casi casi de memoria todo lo que se pueda para aplicarlo después en un examen de conocimientos generales y así cada uno tendrá su propia técnica; técnica que aprendieron en una escuela o de maestros que aprendieron en otro lado y así sucesivamente.
En el bachillerato es diferente, cada maestro sigue teniendo sus técnicas, dinámicas de enseñanza que aplican y ponen en practica con sus alumnos, habrá quienes dejen el montón de tarea, habrá quienes nada y seamos nosotros los que tomemos la decisión de repasar o no repasar lo visto en clase.
La libertad que da tener dieciocho años es única, inigualable y a veces, parece, inalcanzable, se nos hace eterno tener dieciocho años aunque luego, ya no queremos seguir cumpliendo porque la vida se nos va rápido, de sopetón. Podemos entonces tener acceso a casi todo, pasaporte, credencial de elector, licencia de manejo (sin el consenso de los papás) y cartilla militar. Sí, a los dieciocho años debemos, por obligación como residentes de este país, cumplir con nuestra obligación militar.
Presentarse ante ellos y seguir los trámites (paso a paso) para al final del proceso tener liberada y lista para utilizarse nuestra cartilla del Servicio Militar Nacional (SMN). Todo en el transcurso de la vida es aprendizaje y para ello, hay que personas que han vivido antes que nosotros que nos enseñan lo que ellos aprendieron, es una reacción en cadena que no tiene fin.
Quien crea, por más estudios que tenga, sean doctores, maestros, licenciados, pasantes de… ingenieros qué sé yo, pero quien crea que lo sabe todo y que ya nada puede aprender por tantos escalafones que ha subido, no sabe lo que dice. El servicio militar es parte de ese aprendizaje, se creó (desde que terminó la Segunda Guerra Mundial) para aumentar el número de las fuerzas militares pero con civiles, o sea, con personas que no son militares y esto para, en caso de contingencia, en caso de guerra, uno como ciudadano responsable, comprometido, perteneciente a este país, salir a la defensa del mismo en caso de invasión del enemigo (bien claro lo dice el himno nacional mexicano, por ejemplo). Saber usar las armas, saber defenderse en caso de requerirlo, es cosa que ahí se enseña, precisamente esa es la función de hacer el servicio militar.
En ese terreno están bien claros los escalafones de un grupo (siempre vivimos en grupo pero a veces no nos damos cuenta de los rangos) hay un portavoz (vocero), un espía (quien vigila que se cumplan las órdenes), un líder (ellos tienen sus rangos bien específicos, soldado raso, cabo, sargento, coronel, general y esos rangos los que tuvieron que empezar desde cero para ir subiendo a cada uno) y quizá alguien que sabotee a los demás.
Lo mismo pasa en la familia, hay líderes (papás), hay espías (hermanos) y así sucesivamente y lo misma pasa en la escuela, en el trabajo, en fin. Uno tiene que cumplir con esa instrucción y mando de los cuerpos militares y si no conoce quién es de más rango aprender, para eso está uno ahí. Quizá la dinámica de un grupo militar sea severa, pero hay que tener en cuenta que se trata de salvaguardar la soberanía nacional, de defender al pueblo, a México, de agresiones que pudiese sufrir, así que no importa que sea severo o no, tenemos que acatar órdenes, sus órdenes, porque para poder mandar hay que saber cumplir órdenes.
Sin menoscabo y sin rechistar (porque así le va a uno), uno tiene entonces que obedecer a sus superiores (trasladado a la vida cotidiana se traduce en respetar a nuestros mayores que son los que nos enseñan, precisamente, lo que sabemos). Aunque el servicio militar es obligatorio hay gente que no lo hace, no lo hace a los dieciocho años (como está estipulado en la ley) sino que lo hacen después y, obvio, esos tiene su castigo y hasta los llamamos de manera diferente, son los remisos, los que por ene o ye razón no tuvieron o no quisieron hacer el servicio a la edad correspondiente y se quedaron rezagados. En la milicia toda falta a la ley, a las normas establecidas tiene su castigo y no hay marcha atrás.
Debo decir que yo no aprendí nada de cómo defender a mi país con armas, no aprendí formaciones militares, ni estrategia militar ni nada que tiene que ver con el santo oficio. ¿Defender a mi patria?, claro, la defiendo con lo que sé hacer. ¿Por qué no aprendí nada?, resulta que en el sorteo me tocó bola negra y los de bola negra no tienen que hacer nada, se quedan únicamente con quienes sacan (por destino, por suerte) bola blanca.
Tampoco es necesario que todos los que, por edad, que se presenten para hacer su servicio lo tengan que hacer. Me tocó en suerte también que había muchos remisos y ellos no tienen derecho a sorteo. Aunque pudo ser peor, porque hay a quienes les ponen el sello de inservible a la patria, porque tienen pie plano, alguna enfermedad degenerativa o algún mal que los aqueja y los tachan de inservibles a la patria. No fue el caso aunque, no aprendí, ahora, si quiero saber defender a mi patria o si quiero aprender tácticas militares o de defensa militar, no me quedará más que leer El arte y la guerra de Sun Tzu.





















