Lavado de dinero
Carlos Orozco Galeana
El sistema político actual ha permitido, con su simulación, que prosperen el crimen organizado, la impunidad, la ilegalidad y un sin fin de conductas humanas que por su negatividad tienen a la sociedad inmersa en la violencia y el desconcierto.
No tendríamos que extrañarnos de tal situación pues esos gobiernos reflejan lo que en verdad somos como mexicanos y como personas. Nos hemos acostumbrado a la tranza, a las anormalidades, a vivir en medio de la mentira y la confusión. Ya no nos asusta ni incomoda nada. Nos sentimos a gusto, en medio del agusanamiento de nuestra vida pública.
Pero la esperanza resurge inexorablemente cada seis años cuando cada gobierno intenta recomponer el camino y ofrece soluciones al por mayor como si tuviera varita mágica. Si cada gobierno cumpliera lo que suele ofrecer, tendríamos una república distinta.
Entre esos esfuerzos por recuperar la armonía social y el respeto a las instituciones, y la credibilidad, se ha elaborado una ley anti lavado de dinero que pondrá lupa en juegos, sorteos, tarjetas de crédito, compraventa de inmuebles y autos, creación de empresas y hasta en los donativos, es decir, se creará un esquema de vigilancia para detectar las fuentes de financiamiento del crimen organizado y el narcotráfico.
La puesta en vigencia de esa ley significaría que el cerco contra la circulación de dinero ilícito podría irse cerrando al facilitarse la intervención de autoridades investigadoras, que favorecerán la certidumbre en las transacciones que se hacen y, al mismo tiempo, al limpiar la economía y ordenar las actividades nacionales en un ámbito de transparencia.
Habrá pues un cúmulo de obligaciones para notarios, corredores, fedatarios públicos, abogados, entre otros profesionistas, que reportarán a través de los colegios o asociaciones todas aquellas tareas que puedan ser susceptibles de estar salpicadas por dinero ilícito. Una exigencia más tendrán, por ejemplo, las distribuidoras de vehículos que deberán reportar toda venta superior a los 400 mil pesos a la Secretaría de Hacienda. A ver si no les afecta esta medida, pues habrá abstencionismo de adquirirlos si está de por medio un aviso a esa dependencia.
Esta ley modificará sustancialmente el movimiento de la economía en el país, sobre todo en lugares en que se hacen inversiones con recursos de procedencia ilícita a cargo de personas físicas que quizás son cadáveres fiscales e invierten su dinero con toda tranquilidad hasta hoy.
A los gobiernos locales les repercutirá la aplicación de la ley anti lavado ya que el narcotráfico deriva mucho dinero a numerosas actividades y genera empleo. Al haber dificultades para seguir invirtiendo, esos gobiernos no la tendrán fácil en sus tareas de promover y financiar la ocupación. Habrá ocasión de regresar a este comentario.
Pero por donde quiera que se le vea, toda medida gubernamental que conlleve el propósito de sanear la vida pública debe ser bienvenida. México necesita limpiar la casa y su gobierno demostrar que no se puede vivir ya en la impunidad sin arriesgar el pellejo.
El gobierno del priísta Enrique Peña Nieto tendrá un instrumento fundamental para llevar adelante sus estrategias contra el crimen organizado, que no se realizaron en el panismo porque no hubo acuerdos en el congreso federal.
Necesitamos respirar la justicia y la legalidad para que México viva mejor y las familias prosperen en un ambiente de concordia. México debe seguir siendo hogar bendito para todos, un lugar inapropiado para los violentos que han de enfrentar siempre la dureza de la ley.
Que se imponga el derecho, la transparencia y un modo de vivir distinto, no hay tiempo que perder. Reconozcamos nuestras fallas y dudas, y decidámonos a recuperar la paz anhelada.





















