¡Sálvese quien pueda!

Bajo el Sol
Por: Carlos AGUIRRE

Poco más de tres años que Colima se ha convertido en un escenario donde todos los días hay eventos en los que los balazos son parte de la nota. Unos días más tiros que otros, pero podemos decir que, no hay día en que no haya balazos en Colima.

¡Eso, aquí y en china se llama terrorismo!

Hace unos días escuché en la radio a la líder en Colima, de un partido político nacional quejarse de que algunos actores políticos locales dijeran que la balacera, la masacre de la cabalgata de mujeres del viernes 14 de febrero era un acto terrorista. Que no le dieran elementos a Trun con aquello de las organizaciones terroristas.

No me interesa polemizar de eso. El presidente de Estados Unidos puede en su país hacer lo que considere conveniente por su seguridad y la de sus connacionales…notros podemos hacer lo propio.

A lo que me refiero es a que, si todos los días suceden eventos de ese tipo, con balazos y baleados, estamos aterrorizados y si lo estamos es por culpa de actos terroristas. Es decir, actos que han provocado terror. De eso no hay discusión.

Nuestra reacción ante los hechos, cuando ocurren, dependerá del papel que jugamos en ello. ¿Somos espectadores presenciales? ¿Somos víctimas? O simplemente ¿Somos lectores de la nota? Dependiendo de cual sea nuestra respuesta es el sentido de nuestra reacción, aunque el hecho sea el mismo. La indiferencia poco a poco se va haciendo presente, cada vez reaccionamos menos ante esto y es que dijeran por los sociólogos, el tema se está normalizando. Ya se nos hacen normales las balaceras… ¡Mientras no nos toque!

Hemos escuchado y leído, cada vez con más frecuencia que todos conocemos a alguna familia que le haya pasado, o que ha estado más cerca de sufrir un evento de estos, o que conocemos a alguien que le haya pasado, o estado más cerca; o que todos tenemos en la nuestra propia familia a alguien a quien le pasó, o estuvo ahí y casi le pasa. Es decir, cada día es más cotidiano el hecho, cada día se nos hace más normal. ¿Eso es bueno o es malo?

Si ya no nos sorprende y altera menos nuestro quehacer y nuestra conducta, pareciera no ser tan malo. Luego añadimos, aunque no lo decimos, “no es tan malo, mientras no nos toque”, refiriéndonos a que no le pase a alguien cercano, a alguien querido por nosotros.

Muchas veces pensamos que hasta que le toque a algún familiar de la autoridad responsable es que esta va a reaccionar y así, al menos descargamos nuestra impotencia y coraje. Es muy difícil adivinar porque no actúa la autoridad, aunque de manera natural pensamos que no lo hace porque está involucrada. Tal vez esté amenazada, o limitada de alguna manera. En cualquiera de los supuestos, no debería ser autoridad, porque está claro que no tiene posibilidad de resolver o al menos limitar los hechos de este tipo.

Lo que es innegable es que cada día las balas nos pasan más cerca, por así decirlo. Y no necesariamente por estar involucrados o por “juntarnos” con quien lo está -como convenencieramente decía la autoridad-. Sencillamente porque las matemáticas no fallan, cada día estamos más cerca porque las probabilidades nos están cercando.

Ayer, cuando esperaba que cambiara el semáforo de rojo a verde, en el cruce de Av. de los Maestros y Corregidora, en el sentido hacia la Villa, escuché cinco disparos y segundos después otros cuatro. ¿Qué pasó? Busqué a los lados esperando ver reacciones, solo me percaté que el taxista atrás mío también los escuchó. Cambió la luz y nadie nos movimos, ni como suele pasar me pitó el taxista, él tampoco se movió. Todos nos quedamos como en un pequeño shock, esperando saber que había pasado. Yo esperé que a mi lado pasara una moto con los sicarios huyendo, o a alguien corriendo. Las ventanas de mi carro eran insuficientes para observar y el miedo el suficiente para tratar de pasar inadvertido.

Poco a poco avanzamos, tratando de hacerlo con precaución, sin dejar de observar a los lados. Cada luz, parecía los códigos de la policía llegando al lugar y los stops de los carros, la sirena de la ambulancia, ni una cosa ni otra. Mi imaginación estaba ya a toda velocidad. Negué el hecho mentalmente, pensando que “había sido la radio”, que traía encendida escuchando Bien y saludable de Ethel Soriano, en Grupo Imagen. Así, hasta que AFMedios, mi medio, confirmó del “Ataque armado en establecimiento de celulares en Colima deja una víctima fatal”.

No debemos normalizar este tipo de eventos. No podemos seguir justificándolos. No podemos salir a la calle con la incertidumbre de si regresaremos o no a casa. No se vale. No votamos para eso. No podemos vivir con el ¡Sálvese quien pueda! a flor de labios, ni con el Jesús en la boca. ¡Esto debe cambiar!

Como muchas veces lo he leído y escuchado: ¡Si no pueden, renuncien!