Manzanillo.- Ningún otro desastre ha generado tantas muertes en Manzanillo como el ciclón del 27 de octubre de 1959.
El fenómeno es descrito por muchos como la más grande devastación natural en la historia de la entidad puesto que aquel huracán se llevó la vida de casi uno de cada diez habitantes de esta ciudad.
A casi 6 décadas de aquella pesadilla varias cicatrices permanecen abiertas en la ciudad.
Si bien otras latitudes fueron arrasadas literalmente como Minatitlán, en ningún otro punto ese ciclón resultó tan mortífero como en Manzanillo.
Las cifras oficiales hablan de un millar de muertos pero otros refieren que el número podría rondar por los 2 mil.
No hubo punto en la ciudad, habitada en aquellos entonces por escasas 30 mil almas, que no mostrará rastros del vendaval que se había vivido en las horas previas a aquella mañana.
De acuerdo con las crónicas de aquellos tiempos casi todas las viviendas resultaron con afectaciones, en mayor o menor medida, debido a que el meteoro fácilmente alcanzó –según estimaciones- rachas de vientos por encima de los 250 kilómetros por hora.
Para la consumación de la tragedia además del destino, se combinaron diferentes factores, a decir de los sobrevivientes y especialistas que en días posteriores, llegaron al puerto a ayudar o estudiar la situación: lo endeble de la mayoría de las viviendas, construidas con materiales proporcionados por la misma naturaleza en gran parte; los escasos avances tecnológicos de aquel entonces en materia de meteorología; la escasa cultura de la protección civil y evidentemente el destino que le jugó una mala pasada a esta región.
En torno a este pasaje se tejieron innumerables historias de luto y heroísmo.
Quedó para la posteridad el naufragio del buque Sinaloa donde apenas sobrevivieron 12 de 50 personas que lo abordaron momentos antes del vendaval.
Algunos de los barrios más humildes se vieron auténticamente arrasados por el meteoro de dimensiones bíblicas entre ellos la Pedregosa, la San José y el Sector 2, por solo citar algunos.
Exactamente, 59 años han pasado de aquella devastación. Con el apoyo del gobierno federal pero sobre todo con el enorme esfuerzo y espíritu solidario de los manzanillenses el caos fue siendo superado.
A raíz de aquello nació un Manzanillo más moderno, con nuevos barrios, mejor diseñados y más preparados ante la adversidad como por ejemplo la Unidad Padre Hidalgo o la colonia de Las Brisas.
Pero sigue siendo, por razones obvias, la peor tragedia en el municipio costero.
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