Alfabetizar, más que leer y escribir

Colima.- Desde las ocho y media de la mañana la maestra Ana Andrea Alejandrés Ayala ya esperaba a sus alumnos en el aula, y a pesar de ser sólo 4 menores ella se encontraba entusiasmada, sonriendo con sus libros en mano, lista para comenzar la clase, buscando que esos niños se preparen y tengan la oportunidad de estudiar una profesión, la cual ella no tuvo.

La escuela conformada tan solo con un salón de clases, cuatro mesas, y los baños, se ubica en Las Pesadas, una comunidad de Minatitlán, a la cual se puede llegar en diez minutos en automóvil, sin embargo caminando el trayecto implica aproximadamente una hora, es decir que de no existir esta escuela los niños tendrían que trasladarse 2 kilómetros, hasta la cabecera municipal.

La primera en llegar fue una pequeña de aproximadamente 4 años; corriendo y emocionada se sentó en su mesa de trabajo llena de colores y una caja con libretas. Enseguida llegó un niño de la misma edad, con su pantalón de algodón y su mochila de su superhéroe favorito, se sentó y empezó a morderse las uñas, minutos después recordó que aún traía puesta su mochila y fue a colgarla a un gancho en la pared.

El tercero, un niño muy tímido, llegó sin hablar, se dirigió a su lugar, sólo observando detenidamente a su alrededor, agachando la cabeza. Por último se presentó una niña peinada con trenzas y luciendo un vestido color rosa, los tres que ya habían llegado se emocionaron mucho de verla entrar por la puerta, que hasta gritaron, como celebrando su llegada.

De los cuatro pequeños, dos se presentaron solos, debido a la cercanía del lugar y la confianza que existe entre los pobladores, los otros acudieron acompañados por sus mamás, las cuales esperaban en la puerta sonriendo hasta que sus pequeños se sentaran en su lugar, para después marcharse a realizar las actividades cotidianas.

Cada uno sentado en su banca estaba listo y parecían con muchas ganas de aprender; muy bañados y cambiados, como si fuese el primer día de clases. A cada uno la maestra le preguntó cómo se sentía y cómo estaba, para así fortalecer su confianza y que las palabras fluyeran cada vez más.

Segundos después una señora llegó con una olla llena de café y varias tasas, la maestra agradeció mientras metía la olla al salón.

Para la maestra Ana es muy importante que estas cabecitas terminen comprendiendo que existe un estudio amplio y que ese es el camino para salir adelante, su meta es que lean y escriban, pero también que tengan la capacidad de comprender y aprender de todo lo que los rodea, pues hay mucho más allá del solo hecho de saber leer y escribir.

Su meta es que esos niños y niñas no formen parte del 3.88 por ciento de analfabetas que hay en el estado de Colima, es decir de las 20 mil personas de más de 15 años que no saben leer ni escribir un recado.

El aprendizaje permite alcanzar objetivos personales, desarrollar conocimientos y potencial, participar de manera activa en la vida de la comunidad y la sociedad.

El Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe), en donde Ana se desempeña como maestra, atiende a 31 estados del país beneficiando a 750 mil niños, niñas y jóvenes de comunidades rurales, para que continúen con sus estudios.

Ana recordó que ella fue alumna del Conafe, y es por ese motivo que se encuentra dando clases y apoyando a niños de comunidades lejanas, para que puedan tener una buena educación.

“Yo siempre dije quiero ser maestra, quiero enseñar, quiero que los niños aprendan, conforme fue pasando el tiempo por dificultades y situaciones económicas yo no pude concluir mis estudios, entonces esa es mi meta, que si yo no pude, quiero ayudar a que alguien que quiere salir adelante lo haga, poder echarles la mano.”

Mencionó que cuando comenzó a impartir clases se sorprendió de que sus alumnos no conocieran las vocales, lo que representaba un gran reto dentro del salón.

“Al principio que llegué me causó un poco de inquietud que no supieran nada, ya que les pregunté las vocales y no las sabían, y eso me desorientó, me desanimó un poquito, porque dije tengo un reto amplio qué hacer, por lo cual tengo que ver la forma y buscar cómo le voy a hacer. Comencé a enseñarles las vocales, primero se las traje en color para que les llamara la atención y sobre de eso desglosarme y explicarles esta es la a, esta es la b, esta es la c.”

El proceso de trabajo con los niños fue poco a poco, dijo Ana, y conforme pasaron los días los niños ya supieron responder, es decir ya estaban desarrollando su capacidad de aprender.

Al iniciar la clase los niños hicieron un círculo, la primer dinámica fue escuchar un cuento, al final la maestra preguntó ¿De qué trató el cuento?, ¿A qué se dedicaba Don Tomás (el personaje principal)?, cada uno respondió de manera entusiasta a cada pregunta, enseguida se pusieron a colorear en su libreta.

Una de las niñas, observaba inquietántemente hacia afuera del salón, levantando el cuello y señalando hacia la puerta, y gritó desesperadamente a su compañera ¡Mira, ya viste las chivas, ahí vienen!, todos en el salón voltearon, era un rebaño que iba cuesta abajo, a alimentarse o tomar agua.

Observando todo el desarrollo de la clase, estaba Emiliano Silva Contreras, capacitador – tutor de Conafe, quien todos los días se despierta a las cinco de la mañana para tomar el camión de Coquimatlán a la capital colimense y de ahí transbordar al que lo llevará a Minatitlán. Debido a que no hay camiones hasta la comunidad de Las Pesadas y a él le gusta caminar, sube y sube los 2 kilómetros por un sendero empedrado.

En las comunidades que él asiste se tiene un promedio de 60 niños, de entre 3 y 6 años de edad, y para él lo más importante es llevar educación de buena calidad, sin importar lo lejana que esté una escuela, pues los niños lo recompensan con cada sonrisa, abrazo y con cada aprendizaje. ´

Mencionó que una de las actividades principales es apoyar a los líderes en las necesidades que tenga la comunidad, hablar con los padres de familia y los niños para trabajar de la mejor manera.

“Se me hace muy importante que se lleve educación a las comunidades más lejanas, de forma que no se haga discriminación o por el hecho de estar lejos no se lleve la educación, no lo vemos como un obstáculo.”

Hace dos años se desempeñó como Instructor Cultural, con caravanas en las cuales se trabajaba con arte, cultura, ciencia, escritura y teatro, siempre con el propósito de incluir algún aprendizaje, con esto los niños al momento de divertirse también aprendían.

El Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA) atiende a 220 mil personas en la República Mexicana, 9 mil 880 son del estado de Colima, es decir el 1.38 por ciento de la población colimense.

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