Muchas personas comen de más para aliviar la ansiedad o el estrés. Este hábito es más efectivo que nunca cuando se lleva grasa al estómago, ya que realmente logra mejorar el estado de ánimo.
A dichas conclusiones llegó una investigación realizada por la Universidad de Leuven (Bélgica) y publicada en la revista Journal of Clinical Investigation. Giovanni Cizza, uno de los autores, consideró que este efecto se logra a través de señales que van del intestino al cerebro.
“Los ácidos grasos modificaron las áreas del cerebro que se activan o suprimen como resultado de la emoción o el estado de ánimo. Estas grasas reducen algunas de las emociones o cambios neurales. Se cree que muchos aspectos de la obesidad son fisiológicos y esto agrega evidencia de que en esta patología hay una cuestión física de por medio”, afirmó el especialista.
COMIDA PARA LA TRISTEZA
Para llegar a dichas conclusiones los autores siguieron la actividad de las áreas del cerebro relacionadas a la tristeza con un equipo de resonancia magnética funcional. Luego dieron a los voluntarios una emulsión con ácidos grasos o un líquido sin ningún efecto y observaron los cambios que generó este producto en el sistema nervioso central.
Además, cada voluntario vio una imagen y escuchó música triste o neutral, y explicó como se sentía en tres ocasiones diferentes sin saber si había recibido la emulsión con ácidos grasos o la que no tenía ningún efecto.
Los investigadores encontraron que los participantes que ingirieron los ácidos grasos sentían menos tristeza, algo que a su vez se reflejó en la actividad de las regiones del cerebro relacionadas a esta nunca bienvenida emoción.
“Estos hallazgos ayudan a comprender mejor la interacción entre las emociones, el hambre, la ingesta de comida y las sensaciones que inducen los alimentos. Esto puede tener fuertes repercusiones para un amplio número de desórdenes incluyendo la obesidad, los trastornos de la alimentación y la depresión”, concluyeron.