El tipo de sangre de una persona modifica su riesgo de desarrollar enfermedades cardíacas. Los individuos con sangre tipo A, B y AB tienen un peligro mayor que los que llevan el tipo 0.
Los investigadores de la Universidad de Harvard (Estados Unidos) que llegaron a dichas conclusiones recalcan que saber el tipo de sangre es tan importante como conocer la presión arterial o el nivel de colesterol. «Si una persona es consciente de que está en riesgo, puede minimizar este peligro adoptando conductas de vida saludables como comer bien, hacer ejercicio y no fumar», explica Lu Qi, nutricionista a cargo del estudio.
El experto considera que esta información también es útil para los profesionales de la salud, que pueden ajustar los tratamientos y recomendaciones teniendo en cuenta el tipo de sangre de los pacientes.
Los expertos, que publicaron sus conclusiones en la revista Arteriosclerosis, Thrombosis and Vascular Biology, trabajaron con la información de 90.000 personas de 30 a 75 años cuya salud fue seguida de cerca durante 20 años. En el estudio se tuvieron en cuenta múltiples factores que afectan a la salud, como la edad, el género, el índice de masa corporal, la alimentación, el tabaquismo y la historia clínica, entre muchos otros.
Qi encontró que, en comparación con los individuos con sangre tipo 0, las personas con sangre tipo AB tienen un riesgo 23% mayor de desarrollar enfermedades cardíacas, mientras que los individuos con sangre B y A muestran un peligro 11% y 5% mayor, respectivamente.
Qi recalca que hay que tener siempre en cuenta que los factores ambientales también influyen en el desarrollo de las patologías cardíacas, y que aun las personas con sangre tipo AB puede disminuir fuertemente el peligro si modifican sus hábitos de vida.
Los expertos no saben por qué el tipo de sangre influye en la salud cardíaca, pero Qi considera que «el tipo de sangre es muy complicado, por lo cual podría haber múltiples mecanismos en juego».