APUNTES PARA EL FUTURO
Por: Essaú LOPVI
En una de las escenas clásicas de la telenovela política mexicana, donde los políticos hacen malabares con sus máscaras de solidaridad y sus trajes de defensores de los indígenas para ganarse el reconocimiento de este numeroso sector, la realidad es más triste de lo que parece.
En este universo político mexicano, ellos descubrieron, no ahora sino desde hace tiempo, el secreto mágico para aumentar su legitimidad social, pero en este momento resalta mucho, ahora que está de moda la pobreza.
Me encantaría estar equivocado y que todo fuera una mera suposición personal, pero no me dejarán mentir, la clase política ha encontrado la fórmula mágica para darse baños de pueblo y autenticidad: rodearse de indígenas como si fueran personajes de moda y de utilería para usarse en caso de ser necesario.
Imaginen esto: un político, que gasta miles de pesos en ropa, viajes, comida y gustos exóticos, decide que de pronto necesita un toque más ‘auténtico’. ¿La solución? ¡llamar a los indígenas!
Y aquí quiero hacer una pausa en esta paradoja, los políticos mexicanos con un puesto en el poder son todo lo opuesto por decirlo menos a los indígenas de este país, los primeros despilfarran el dinero público, mientras que los mexicanos indigenas difícilmente podrán ver alguna vez junto el salario mensual de nuestros políticos.
Sin embargo, el político poderoso lo necesita y usa a su antojo cuando requiere convencer a las masas de que es digno heredero de las raíces y se merece el puesto en el que está. Poco les falta para pedir que les den el título de Huey Tlatoani.
Recientemente se ha hecho popular por no decir moda, que los políticos se apresuren a posar en fotos con indígenas vestidos con trajes tradicionales, y permitir que les coloquen lo que sea en la cabeza, como si estuvieran en un carnaval temático. ¿El objetivo? ¡Que la gente crea que realmente se preocupan por los problemas de las comunidades indígenas!
Todos sabemos que los políticos nunca se ensuciarán las manos con asuntos realmente importantes. No, no, su papel es el de las estrellas fugaces que iluminan el cielo nocturno durante un segundo y luego desaparecen.
Se abrazan a los indígenas en eventos mediáticos, pero cuando se trata de políticas reales para abordar la pobreza, la discriminación y la falta de oportunidades en las comunidades indígenas, suelen ser tan esquivos como un unicornio en la selva.
No podemos dejar de sorprendernos por la inventiva de los políticos mexicanos para aparentar humildad y pobreza sin ensuciarse la ropa.
En lugar de trabajar arduamente para mejorar las condiciones de vida de las comunidades indígenas, simplemente las utilizan como accesorios de campaña o de gobierno, una manera de darse baños de pueblo.
Es como si los indígenas fueran artículos decorativos para impresionar a los invitados en su fiesta personal, pero que luego se guardan en un armario y se olvidan. Los políticos han convertido a los indígenas en sus fieles compañeros de escena, todo en búsqueda de legitimidad y popularidad.
Así que, la próxima vez que vean a un político abrazando a un indígena en una foto, recuerden que lo más probable es que solo sea otro episodio de esta triste puesta en escena política en la que los verdaderos protagonistas son los egos, lavar su imagen pública y las aspiraciones personales.