MIEDO

¿QUÉ VIENE?

Por: SEAN OSMIN HAMUD RUIZ

Comenzar a hacer el recuento de los daños. Como primera opción, buscar a tus cercanos en el hospital, esperando la noticia de encontrarlos con alguna herida, no queriendo topar con la fatalidad de un deceso.

En el camino, ir chocando con la visión de las cenizas de autos, inmuebles; todavía el olor a humo y pólvora. El olor a muerte.

Durante el trayecto, seguir escuchando la opinión e ideas sobre las posibles consecuencias del repliegue de las fuerzas del estado.

Intentando razonar, siguen siendo confusas las posturas encontradas que finalmente no explican con claridad la situación real, mucho menos dan certeza de qué esperar en el mediano y largo plazo.

En el celular llegan historias de todo tipo. Quienes dicen atestiguar de primera mano lo sucedido, describiendo momentos de terror que vivieron, no solamente adultos, sino también niños, a quienes no se les puede explicar qué pasó. Pero también versiones que intentan clarificar lo sucedido, en un contexto que tiene una excesiva necesidad de justificación.

La opinión internacional que se niega a concordar con la autoridad local, que se sostiene en argumentos históricos y la promesa de un mejor porvenir, producto de los ofrecimientos de paz, de entendimiento.

Percibir el tufo a pactos ilógicos entre fuerzas que, si bien es cierto han convivido durante décadas, no deja de ser un arreglo de equilibrios menores, frágiles.

Hoy aferrarse a la rutina, con la esperanza de que lo cotidiano sea más fuerte que lo que se experimentó y eso permita volver a salir de casa a la escuela, al trabajo, a esa ciudad que se creé propia, pero que la realidad, con fuerza bruta, ha golpeado en el rostro para hacer entender que no es así y que quien debiera hacer algo al respecto, sencillamente intenta hacer creer que un bien superior dicta su actuar.

Pobre Siria.

¡Qué bueno que vivimos en México!