¡No dejes las cosas importantes hasta el final!

¡No dejes las cosas importantes hasta el final! Pon en práctica algunas estrategias sencillas para dejar de procrastinar
Por: César Augusto GARCÍA AVITIA 

Procrastinar es una conducta muy común: sabemos que debemos hacer algo, pero lo postergamos una y otra vez, a veces hasta que es demasiado tarde o el estrés nos obliga a actuar.
Desde la psicología, entendemos la procrastinación no como simple pereza, sino como una forma de evasión emocional: evitamos tareas que nos generan incomodidad, inseguridad o aburrimiento, buscando alivio inmediato a través de distracciones. Sin embargo, esta conducta puede convertirse en un obstáculo serio para nuestra productividad, bienestar emocional y relaciones personales. Afortunadamente, existen estrategias prácticas que pueden ayudarnos a gestionarla mejor asumiendo nuestras responsabilidades.

Una de las herramientas más efectivas es la Caja de Eisenhower, una técnica sencilla pero poderosa para tomar decisiones y organizar tareas según su nivel de urgencia e importancia. Esta herramienta divide las actividades en cuatro cuadrantes:

  1. Urgente e importante: tareas que deben hacerse de inmediato (una entrega académica para mañana, una crisis familiar, una reunión laboral inminente).
  2. Importante pero no urgente: tareas clave para tu desarrollo personal o profesional, pero que no requieren atención inmediata (planificar un proyecto, hacer ejercicio, pasar tiempo de calidad con la familia).
  3. Urgente pero no importante: tareas que exigen atención rápida pero no necesariamente aportan valor significativo (responder correos triviales, resolver asuntos que otros podrían delegar).
  4. Ni urgente ni importante: actividades que muchas veces usamos para distraernos o procrastinar (revisar redes sociales sin propósito, ver videos sin parar, maratones de series y películas).

El objetivo es priorizar correctamente. Muchas veces caemos en la procrastinación porque dedicamos tiempo a lo urgente, pero no importante, o a lo completamente irrelevante, y dejamos de lado lo verdaderamente significativo.

Además de esta herramienta, otras estrategias que ayudan a combatir la procrastinación incluyen:

  • Dividir las tareas en pasos pequeños y manejables: sirve para percibir que el trabajo es menor y eso puede reducir la resistencia inicial.
  • Usar temporizadores o técnicas como Pomodoro: 25 minutos de trabajo + 5 de descanso para mantener el enfoque.
  • Eliminar distracciones: identifica qué cosas te sacan de tu tarea (el celular, el ruido, las notificaciones) y toma medidas para reducirlas.
  • Recompensarte: al completar una tarea, date una recompensa saludable como descansar, salir a caminar o ver un episodio de tu serie favorita.
  • Ser autocompasivo(a): no te castigues si caes en la procrastinación. Reconoce el error, aprende de él y vuelve a intentarlo.

La procrastinación puede hacernos sentir atrapados, culpables o estresados, pero no es un rasgo permanente ni una condena. Con estrategias simples y constancia, podemos recuperar el control de nuestro tiempo, sentirnos más realizados y estar más presentes en lo que verdaderamente importa. Así que no dejes lo importante para el final: ¡empieza hoy a gestionar la procrastinación!

César Augusto García Avitia

Profesor Investigador de Tiempo Completo de la Facultad de Psicología de la Universidad de Colima.

Doctor en Psicología, Maestro en Bioética, Maestro en Psicología Aplicada y Licenciado en Psicología.

Contacto: garciaavitia@ucol.mx