Trasladar al francés las aventuras de Édgar “El Zurdo” Mendieta, el depresivo detective sinaloense de Élmer Mendoza que indaga en los bajos mundos para resolver el asesinato de un abogado prestigioso que apareció muerto por una bala de plata, o darle vida a las historias de Juan Villoro que conforman su libro de relatos Los culpables, que en Francia fue titulado Mariachi, no es cosa fácil para los traductores.
Aunque en décadas pasadas se traducía la obra de Octavio Paz, Carlos Fuentes, Jorge Ibargüengoitia y Juan Rulfo, fue hasta años recientes que la industria editorial francesa mostró mayor interés en la literatura mexicana; también han sido significativos premios literarios como el Antonin Artaud y el Brasserie Lipp, impulsados por restauranteros franceses que promueven la traducción de la literatura mexicana.
Así se han traducido a esa lengua obras de Élmer Mendoza, Juan Villoro, Enrique Serna, Mario Bellatin, Sergio González Rodríguez, Guadalupe Nettel, Jorge Volpi, F.G. Haghenbeck y Martín Solares, entre otros, tanto en editoriales emblemáticas como Gallimard y Denoël, como en otras pequeñas de circulación más modesta.
Si en los años 70 las traducciones de obras mexicanas representaba apenas 5% de las traducciones de novelas provenientes de América Latina y España, a partir de 2009, con la presencia de México como invitado de honor en el Salón del Libro de París, donde participaron cerca de 40 escritores, entre ellos Carlos Fuentes, Elena Poniatowska, Guadalupe Nettel, Mario González Suárez, Ximena Escalante, Mario Bellatin, Álvaro Enrigue y Margo Glantz, la traducción de novela mexicana al francés se vio altamente favorecida.
Esa participación de México en la feria del libro más importante de Francia y con ediciones en las mesas de novedades y en las vitrinas de decenas de librerías en el país, generó un auge que no habían tenido nunca las letras mexicanas en francés, tanto que se tradujeron 42 novelas de autores mexicanos.
El impacto fue inmediato. Según cifras oficiales, en cinco días, en el Salón del Libro de París se vendieron alrededor de 26 mil ejemplares de libros mexicanos, en español, sin contar los miles de volúmenes que se vendieron en librerías por toda Francia.
Desde entonces, mientras que para algunos hay un auge, que no un boom, de la traducción de literatura mexicana, para otros ésta es una literatura que aún no alcanza a impactar ni a interesar del todo a la industria editorial francesa, e incluso hay quienes critican que las editoriales francesas traducen porque hay subsidios de por medio.
Traductores y estudiosos franceses entrevistados por EL UNIVERSAL, como Florence Olivier, Gabriel Iaculli e Isabelle Gugnon, que han trabajado la literatura mexicana, conversan sobre el tema; lo mismo que los mexicanos Alberto Ruy Sánchez y F.G. Haghenbeck, ambos traducidos al francés; otra voz calificada es la del colombiano Eduardo García Aguilar, residente en Francia.
Logros del Salón de Libro de París
Florence Olivier, traductora y estudiosa de la literatura mexicana, asegura que la participación de México en el Salón del Libro de París “favoreció un auge de la traducción de obras literarias mexicanas y sobre todo una diversificación de los géneros traducidos” y que varios autores “ya venían publicando desde hacía tiempo, a veces desde hacía lustros o incluso décadas”.
Ruy Sánchez dice que se tradujeron 42 autores mexicanos, “mucho más de la cantidad de autores mexicanos que se publicaron en Francia en 30 años” y que para sorpresa de funcionarios mexicanos que negaban el apoyo, en cinco días se vendieron 26 mil ejemplares de libros mexicanos, en español, dentro de la Feria, y cinco veces eso o más en las librerías de Francia.
Eduardo García Aguilar asegura que México es el país latinoamericano con mayor cantidad de autores traducidos en las últimas décadas, pero que si se ha incrementado en la actualidad es porque el gobierno mexicano ha financiado las traducciones de decenas de autores y el Centro Nacional del Libro francés pagó a las grandes editoriales parte de la traducción y la edición de libros que en otras circunstancias jamás hubieran sido publicados.
“Prácticamente las grandes editoriales francesas, que son muy avaras, no asumen ningún costo al publicar esos libros, que son financiados por los gobiernos y las instituciones. No arriesgan absolutamente un euro al publicarlos”, señala García Aguilar.
El mexicano, un caso especial
El caso de México es especial; entre 1975 y 1982, la cantidad de escritores mexicanos traducidos al francés era muy pequeña. “Más o menos 5% de lo que se traducía del español al francés. La desproporción era inmensa, debida en gran parte a los exilios de escritores de otros países latinoamericanos en Francia, cuya presencia ayudaba por supuesto y cuya situación llamaba la atención y despertaba el interés del público y de los editores”, dice Ruy Sánchez.
Luego vino el hecho de que la industria editorial española acaparó la industria de todos los países hispanohablantes, eso provocó que los editores franceses casi sólo compraran los libros latinoamericanos a través de España.
A pesar de que el escritor Alberto Ruy Sánchez dice que hoy hay una mayor presencia de las letras mexicanas al francés, F. G. Haghenbeck asegura que en su reciente visita a Francia halló poquísimas traducciones.
Pero además, en un encuentro que tuvo con 10 libreros y tres editores franceses en marzo pasado, le dieron cinco razones por las que es difícil traducir la literatura mexicana y a veces no les interesa: mucha temática histórica “que en Europa a nadie le importa”; estructuras planas, “no sucede nada; los autores mexicanos están más interesados en el cómo decirlo que en qué decir”; el lenguaje, “dicen que es imposible encontrar traductores en Francia que conozcan el lenguaje”; no hay voces frescas y que se hacen ejercicios literarios extraños “utilizados por los surrealistas en Francia en los años 20 y 30”.
Mexicanismos complican la existencia
No es fácil traducir la literatura mexicana y lo saben bien los traductores al francés. Isabelle Gugnon, traductora de escritores como Élmer Mendoza, Sergio González Rodríguez y Juan Villoro, entre otros, dice que el gran reto es “el idioma, siempre el idioma, los modismos argóticos sobre todo”.
Incluso asegura que en el caso de la traducción que hizo de Balas de plata fue muy difícil “entender el argot norteño mexicano. Algunas veces intuía el sentido, otras tenía que preguntarle a Élmer el significado”, dice la traductora que define la literatura del escritor sinaloense como “disparatada, eficiente, muy real, pero al mismo tiempo casi siempre en la broma”.
Gabriel Iaculli, reconocido traductor de Juan Rulfo, asegura que los mexicanismos son ignorados por los lectores y correctores de las casas editoriales y señala que los traductores del español mexicano tienen un doble esfuerzo, pues después de traducir deben corregir a los correctores.
El traductor insiste en decir que hay una paradoja: “Cuando hay muchos novelistas originales en México y en toda América Latina, cuyos libros merecen ser publicados, la situación económica ha obligado a los editores franceses a reducir su producción y a buscar trabajos más comerciales y no tantas obras literarias”.
Gabriel Iaculli reconoce también que la literatura mexicana está más liberada de ciertas características propias del país. “Se ha convertido de manera más directa en popular, en universal, lo cual no quiere decir que haya perdido su propia esencia”.
Florence Olivier celebra “la pluralidad y plasticidad de las formas; la capacidad de invención y no el uso de formas de moda o en boga es el mejor pasaporte para que esta literatura viaje, en todos los sentidos de la palabra”.
Comenta que autores como David Toscana y Enrique Serna han despertado el interés del público en Francia y en Europa; lo mismo que hay interés en la “novela negra” y que las obras de Élmer Mendoza, Martín Solares y Sergio González Rodríguez han recibido una buena acogida.
Hay un auge de la literatura mexicana en Francia pero no un boom. Ruy Sánchez concluye que “es definitivo que México ha sido puesto en un mapa donde antes no estaba y de donde puede desaparecer si: 1. Seguimos pasando a través de la industria española, 2. Si deja de haber incentivos para la traducción, 3. Si desde México y desde Francia se sigue subordinando lo cultural a lo llana y obtusamente político”, señala el narrador y editor, quien afirma que otro gran reto sigue siendo el desconocimiento y la valoración adecuada de lo que aquí se hace.
Con información del Universal