Presenta libro de la Cristiada Crispín Calvario, en el MUAP

Crispín Calvario Zamora presentó su libro “Recuerdo y memoria de la Cristiada”, una recopilación de entrevistas históricas de quienes vivieron la Guerra Cristera, durante la velada literaria Noche de ensaladillas, que organizan la Facultad de Letras y Comunicación y el Museo de Artes Populares de la Universidad de Colima.

Crispín Calvario contó a los asistentes de esta velada los relatos capturados en una grabadora y su pasión por ir más allá de los libros que hablan de la Cristiada. El texto no habla, entonces, de un suceso histórico, sino de una historia contada a través de 16 vivencias que logró recuperar durante sus más de 30 años como médico.

“Con mi tía Jacinta empecé a escuchar el tema de los cristeros; ella participó llevándoles alimentos, convivió con ellos y nos platicaba sus anécdotas. Por el año de 1953, empezó a llegar a mi casa un boletín que se llama “David”, que traía anécdotas de cristeros, contaba cómo huían de ser asesinados o ser hechos prisioneros, y cómo se enfrentaban al ejército”, narró Crispín Calvario.

“En el 1955, mi padre compró el libro del padre Ochoa ‘Los cristeros del Volcán de Colima’; ahí me di cuenta que había un señor que se llamaba Filiberto Calvario, quien tenía el grado de Mayor y le correspondió ser jefe de la zona de la Yerbabuena”, prosiguió.

Filiberto, para su sorpresa, resultó ser su tío y aún estaba vivo después de la Cristiada. “Fue entonces cuando hice mía la historia de aquellos religiosos, clérigos y presbíteros que se resistían a la restricción del gobierno les ponía”, relató al público.

Este movimiento, dijo Calvario Zamora, “se originó contra el gobierno porque antes, en tiempos de Benito Juárez, éste le quitó al clero las propiedades; entonces el clero ya no podía comprar bienes ni podía votar, lo cual generó enemistad”.

“Durante este tiempo de estira y afloja –contó Calvario Zamora–, los sacerdotes le pidieron a Calles que diera marcha atrás a las leyes que limitaban al clero; al negarse rotundamente comenzó un boicot en varias partes del país, afectando de alguna manera los ingresos del Estado”, dijo.

“En Colima, Dionisio Ochoa, quien fue seminarista, encabezó en el estado este movimiento que después llamarían la Liga; después, por decisión de los sacerdotes, cerraron iglesias y se levantaron en armas, instalando su campamento en la mesa de la Yerbabuena, desde donde se ganaron batallas a favor de los cristeros”, finalizó el autor.

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