Por Balvanero Balderrama García
Prevalecen más los nombres que su cultura y su idioma. Me refiero a los pueblos originales de esta tierra que consideramos nuestra.
El pasado domingo, se conmemoró el Día Internacional de los Pueblos Indígenas; es esta una conmemoración, como muchas otras de su tipo, que pretende hacer conciencia sobre lo que tenemos y vale la pena preservar. Se instauró el 9 de agosto de 1994.
De acuerdo al sitio de las Naciones Unidas para este importante tema, existen en el mundo “alrededor de 476 millones de indígenas viviendo a lo largo de 90 países”; esto representa el 5 por ciento de la población mundial. En México, de acuerdo a los datos censales del 2010, el porcentaje es muy similar, 5.8 por ciento del total nacional, al dato internacional.
En lo que también se coincide, en todas las latitudes, es en la condición de precariedad que prevalece en estos pueblos, en la pobreza y la discriminación que sufren como azote, y en la paulatina desaparición de sus idiomas originales.
Un dato que nos ofrece INEGI a este respecto: de 1930 al 2015 los hablantes de lengua indígena en nuestro país se redujeron de 16 al 6.6 por ciento.
Recuerdo una anécdota de mis tiempos de estudiante. Viajaba de manera regular en los camiones suburbanos conocidos como Tonilitas; en la entonces Parota, junto al Bachillerato 1, era común que subieran una gran cantidad de estudiantes de prepa y universidad; se llenaba el camión.
También, era común que subieran mujeres indígenas hacia los albergues que están en El Trapiche, en Quesería, El Cóbano, con su descendencia amarrada con su rebozo.
Aquí parte de la cultura que hemos bebido y aprendido: a las jóvenes universitarias les sobraban “caballeros” ofreciendo su asiento, pero a las indígenas, con sus criaturas terciadas, no había quién las volteara a ver: invisibilidad.
Decía al principio de este escrito que prevalecen más los nombres que los propios pueblos, esto lo afirmo porque el INEGI da cuenta que en su cartografía hay más de 17 millones de nombres geográficos que se derivan de 68 lenguas autóctonas.
En nuestro estado se identifican algunas zonas con estas características: en Comala, Ixtlahuacán; sin embargo, debido al trabajo en el campo que se da por la caña y los cultivos en el valle de Tecomán, hay población indígena de otras entidades en Cuauhtémoc, Tecomán, Colima.
Los pobres de los más pobres se encuentran en la población indígena; con enormes carencias educativas, laborales; sin derecho a la salud y la vivienda, por mencionar dos de ellos.
En este contexto de pandemia que todos sufrimos, recordemos que hay quienes la sufren más porque carecen de los recursos mínimos para salir adelante; esto debe ser un llamado a la corresponsabilidad, a la generosidad, a compartir, a dejar el egoísmo.
Y, como el título de esta columna, con mucho gusto –eso significa- comparto esta reflexión que buscar que miremos con otra intencionalidad a nuestro alrededor.
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