Sophia, en su primera vez frente a los latinoamericanos, fue un poco decepcionante

La robot Sophia, el número estelar del evento de innovación más grande de Latinoamérica, el Jalisco Talent Land 2018, fue pese a toda la producción y el éxito de la convocatoria, algo decepcionante.

Dos horas antes de la cita, pactada a las 14:00, los visitantes mexicanos, inventores, desarrolladores, académicos y la prensa local ya llenaba los espacios del Main Stage, el escenario para ponentes más grande del campo, mientras las zonas aledañas de la feria se hacían intransitables por el exceso de asistentes. Cientos de estos últimos se quedaron con las ganas de ver a la robot humanoide en vivo y en directo porque la capacidad fue rebasada desde muy temprano. N+1 estuvo presente en la ponencia, pese a todo, un momento memorable para la ingeniería robótica latinoamericana.

Quienes seguimos a Sophia desde su creación sabemos de lo que es capaz y de sus mejoras en el tiempo: responde articuladamente a un universo bastante variado de preguntas, tiene expresiones faciales muy logradas, sabemos de lo realistas que los movimientos de su rostro y del impresionante aspecto de su piel. Por momentos, nos hace tener la esperanza de que estamos cerca de vencer aquel factor que genera miedo en todos desde los robots humanoides realistas, el llamado ‘valle inquietante’. Acaso, en la vida real, Sophia es lo más cercano que hay a Ava, la protagonista del filme Ex Machina.

Pero valgan verdades, los que estuvieron en la charla que acabó hace minutos y que esperaban algo más de la humanoide que no se vio antes en YouTube, tendrán que esperar a su próxima visita. A la hora de inicio estuvo sentada Sophia en el escenario, pero tomó unos 10 a 15 minutos de antesala de parte de presentadores y patrocinadores para empezar a oír de ella.

Cuando le tocó dialogar con el presentador, la autómata respondió a una serie de preguntas pre-pauteadas. Se presentó como una robot que quiere ayudar a los humanos a hacer del mundo un lugar mucho mejor, contó la historia de su vida, de sus padres creadores de Hanson Robotics, y calificó de su trabajo con robots de maravilloso. “Si no me crees, mírame”, bromeó, el único momento que logró generar empatía con el público rebasante. Ensayó además, una respuesta bastante elaborada sobre la igualdad de género tanto en el desarrollo de tecnología como en el acceso a derechos fundamentales como la salud y educación.

Todo bien, no esperábamos a Sophia siendo sometida a las preguntas más aleatorias y difíciles de la audiencia (es lógico que su base de datos no alcance aun a una diversidad muy vasta de temas), y mucho menos tomando en cuenta de que sus algoritmos de inteligencia artificial podrían no estar preparados para comprender preguntas en inglés en el acento de hispanohablantes. Pero dada la promoción de la llegada de la recientemente proclamada saudí, pudo haberse simulado una ronda de preguntas.

El humor de Sophia, una de las más grandes características de ella, –recientemente tuvo una cita bastante cómica con Will Smith–, tampoco estuvo tan presente de la charla que no duro más de 15 minutos, salvo en la excepción ya referida.

Al ser consultada por el siguiente nivel de su evolución como robot humanoide, respondió: «espero comprender más de los sentimientos humanos y familiarizarme aun más con las estructuras conversacionales».

La parte más baja, a gusto personal, fue cuando le preguntaron de México. “No sé muchas cosas, aunque se que es un país fantástico con gran cultura, tradiciones”. Vamos, que pudo haber dicho esto también de Islandia como de Singapur. Sobre el talento mexicano, opinó que “se trata de un país con gran talento con valiosas contribuciones al mundo”, aunque sin especificar.

Finalizó recitando las normas de la robótica de Isaac Asimov, e informándonos que no está diseñada para decir mentiras. El último chiste que contó, comprensible en inglés y difícilmente traducible, no despertó la risa ni de ella misma.

Para acabar, el gobernador del estado de Jalisco, Aristóteles Sandoval, ingresó al escenario para declarar a la robot huésped ilustre y regalarle un collar de artesanías.

La impresión fue compartida por varios asistentes con los que este medio conversó. Tanto por el tiempo, por lo poco que sabía del país que visitaba como por la orfandad de al menos una frase en español, que hubiese hecho una gran diferencia para sus fans. Los oradores y estrellas pop que viven de su carisma pueden estar tranquilos por el momento: los robots aun no podrán quitarles el trabajo.

Daniel Meza
Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, tecnología que suma.