Temporada de huracanes, una lectura que te pasa por encima, de chingadazo
Por: Ihovan PINEDA
Una voz poderosa, implacable, devastadora, una voz con rabia, con desesperación, que te agita, que te convulsa, que te atrapa, que te sacude, que te agarra de las greñas de los ojos, que te abraza bruscamente y toscamente de los brazos de la conciencia
, que no te suelta con camisa de fuerza, con una agilidad vertiginosa para contar, para narrar, para hilar los hechos y desechos de una historia cruel, brutal que sabes terminará mal porque todo ahí va mal, todo es un pinche huracán de sucesos, de tragedias, de personajes mal paridos, mal queridos, mal criados y creados por su autora con alevosía, ventaja y propósito, con estrategia novelística de quien sabe su oficio, donde la forma de hablar es la forma de narrar, la forma descarada y directa de contar las cosas, la descripción a pantallazos y fregadazos que son cada uno de sus capítulos, una carretera sin curvas, una recta por la libre sin párrafos y sin puntos que no te permite bajarle la velocidad a la lectura, y en el fondo, cuando puedes respirar, detectas la violencia más visceral de las zonas rurales y aisladas donde aún persiste el machismo crónico patriótico, lugares acosados por la miseria y el abandono, la historia de un crimen, donde subyace la barbarie pasional, Temporada de huracanes de Fernanda Melchor es pues un huracán que se lleva todo a su paso, un huracán narrativo, una lectura que pasa así de chingadazo, que te pasa por encima y poco queda a su paso.